La Nación en armas, homenaje al Ejército de los Andes (1816-1826) en elbicentenario del regreso del Regimiento de Granaderos a Caballo a BuenosAires (1812-2026)

Artículo presentado a la Academia Sanmartiniana
Dr. Héctor C. Sauret
Miembro de Número – Sillón Justo José de Urquiza

I. El Regimiento de Granaderos a Caballo en el pensamiento estratégico de San Martín

El Regimiento de Granaderos a Caballo, fue creado por el primer Triunvirato el 16 de marzo
de 1812 mediante decreto, consagrando así una iniciativa del entonces Teniente Coronel
José de San Martín a quien se lo designa como su primer jefe. Fue concebido como
instrumento militar y escuela de mando. Desde su origen, cumplió una función que
trascendía la táctica: ser modelo de disciplina, cohesión y profesionalismo, en oposición a
las formas milicianas heredadas del período colonial clausurado con la Revolución de Mayo
de 1810.

II. Creación del Ejército de los Andes

Declarada la independencia de las Provincias Unidas de Sudamérica el 9 de julio de 1816 por
el Congreso de Tucumán, el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredon creó el 1 de
agosto de 1816 el ejército de los Andes designando oficialmente a San Martín como su
capitán general en jefe.
En la organización de esta unidad militar San Martín dispuso integrar al regimiento de
granaderos a caballo quien tendrá activa participación en todo el proceso emancipador con
la independencia de Chile y de Perú constituyéndose en un núcleo de élite que actúa como
reserva estratégica del mando y del sostén moral de la independencia sudamericana.
Con las acciones militares que culminaron en las independencias de Chile y de Perú, el
Ejército de los Andes actuó como brazo armado de la Nación Argentina evolucionando hacia
una conformación multinacional y como soporte del Ejército Nacional Peruano que actuará
en el desarrollo de las guerras de la independencia que culminaron en la Batalla de
Ayacucho de 1824.
La expedición al Perú iniciada en septiembre de 1820 fue la fase culminante del plan
continental sanmartiniano
que reconstruiremos brevemente en este artículo en sus
dimensiones diplomáticas con el alto mando militar español residente en Perú y con las
acciones militares posteriores que permitieron la convergencia de la corriente libertadora
del norte comandada por el General Simón Bolívar, con la corriente libertadora del sur, bajo
el mando del General San Martín en la entrevista de Guayaquil en julio de 1822 y el
posterior acuerdo celebrado entre los gobiernos de Perú, y de la Gran Colombia destinado a
fortalecer la asistencia militar colombiana al ejército patriota del Perú que permitió culminar
exitosamente en la Batalla de Ayacucho.
La campaña peruana consolidó el carácter continental de la guerra y el ejercicio simultáneo,
por parte de San Martín, de la jefatura militar y de la conducción política como Protector del
Perú.
Es en esta campaña del Perú donde San Martín desenvuelve una fase diplomática, de
exploración y de inteligencia respecto de su capacidad ofensiva y defensiva, explorando la
situación del alto mando militar del ejército imperial español, desenvolviendo sus
negociaciones de septiembre de 1820 con el entonces virrey del Perú, general Joaquín de la
Pezuela en el Palacio Miraflores, acreditando sus delegados y fijando una agenda en la cual
se exploraba el reconocimiento de las independencia de Argentina, de Chile y del Perú
intentando alcanzar un armisticio pacífico. El ciclo negociador se agotó desgastando la
capacidad política y militar del General Pezuela quien será removido por el alto mando
militar y político imperial, siendo sucedido como Virrey y Comandante General por José De
La Serna con quien San Martín más adelante, en junio de 1821, desarrolla las negociaciones
conocidas como entrevistas en la hacienda de Punchauca.
Cerrado el ciclo negociador con el rechazo del reconocimiento de las independencias
sudamericanas por parte del alto mando imperial español, San Martín enfrenta la prioridad
militar asumiendo las negociaciones con el presidente de la Gran Colombia, General Simón
Bolivar, en el marco de la ya mencionada entrevista de Guayaquil, a mediados de 1822. El
desarrollo de las posiciones de San Martín y de Bolívar en el contexto de esta entrevista, nos
indica que ambos jefes mantuvieron coincidencias y diferencias sobre el proceso libertador
resolviéndolas sobre la base de la decisión irrevocable de San Martín de separarse del
mando militar y político sin perjuicio de asegurar la asistencia militar colombiana al Ejército
Multinacional del Perú.
Con posterioridad a la culminación de la entrevista de Guayaquil, se inició un ciclo de
reconfiguración del mando con la jefatura de Bolívar de conformidad con los acuerdo
alcanzados entre los estados de Perú y Colombia en una transición que se prolongó durante
1822 y 1823.

III. La renuncia al Protectorado. La reconfiguración del mando

La renuncia de San Martín como protector del Perú ante el Congreso de ese país, en
septiembre de 1822 debe ser interpretada como decisión estratégica orientada a evitar la
dualidad de mando
en la fase final de la guerra. A partir de ese momento, el Ejército de los
Andes se integró al Ejército Libertador multinacional del Perú.
El mando supremo de la guerra fue asumido por Simón Bolívar, mientras que la conducción
militar efectiva recayó en el mariscal Antonio José de Sucre.
El Ejército de los Andes —incluidos los Granaderos— fueron incorporados a esta estructura
unificada, aportando cuadros, experiencia y disciplina, contribuyendo así de manera
trascendental en el éxito final de las guerras por la independencia Sudamericana.

IV. Ayacucho y la consumación de la independencia sudamericana

La Batalla de Ayacucho (9 de diciembre de 1824) selló la derrota militar irreversible del
poder imperial español en Sudamérica. Aunque el mando táctico correspondió a Sucre, la
victoria fue el resultado de un proceso acumulativo iniciado años antes, cuya matriz
estratégica fue concebida por San Martín.
Ayacucho no representa una victoria aislada, sino la culminación de una guerra continental
cuya arquitectura militar y política había sido previamente establecida.

V. El regreso de 1826: cierre histórico del ciclo emancipador

El 19 de febrero de 1826, los últimos sobrevivientes del Regimiento de Granaderos a Caballo
regresaron a Buenos Aires. Eran pocos en número, pero portadores de una significación
histórica excepcional: regresaban del último teatro de operaciones de la independencia
sudamericana.
Este regreso debe ser comprendido como:
el cierre material del ciclo sanmartiniano en armas (1812–1824),
● el testimonio humano del costo de la emancipación,
● y la confirmación de la victoria continental.
La recepción discreta que tuvieron en la coyuntura política de la época no disminuye el valor
histórico del acontecimiento; por el contrario, subraya la distancia frecuente entre la
magnitud de los procesos históricos y las urgencias del presente.

VI. El Bicentenario (1826–2026): sentido de la conmemoración

El Bicentenario del regreso del Regimiento de Granaderos a Caballo no debe limitarse a una
evocación ceremonial. Conmemora:
● la culminación exitosa de las guerras por la independencia Sudamericana,
● la continuidad entre el Ejército de los Andes, el Ejército Expedicionario del Perú y el
Ejército Unido vencedor en Ayacucho,
● y la vigencia del pensamiento estratégico de San Martín como fundamento de la
emancipación continental.

Conclusión

La disolución del Regimiento de Granaderos a Caballo dispuesta bajo la presidencia de
Rivadavia en 1826, abrió un amplio espacio de autocrítica que culmina en 1880 con el
célebre discurso de Domingo Faustino Sarmiento en el acto de repatriación de los restos
mortales del Libertador San Martín cuando declara que la gesta emancipadora constituye el
acto fundacional de una Nación Argentina soberana. Posteriormente, en 1903, el presidente
Julio Argentino Roca dispuso por decreto la reorganización y vigencia del Regimiento. En
1904, el presidente Manuel Quintana lo declaró escolta presidencial, función que se
consolidó en 1907 mediante decreto del presidente José Figueroa Alcorta, estableciéndose
definitivamente como unidad de seguridad presidencial.
El Bicentenario del regreso del Regimiento de Granaderos a Caballo (1826- 2026) invita a
reafirmar que la independencia sudamericana fue el resultado de una empresa estratégica,
militar y política de largo aliento, cuyo legado permanece como fundamento de nuestra
identidad nacional y continental, rindiéndoles en nuestros días el reconocimiento y
homenaje de nuestra generación al aporte por ellos realizado.

Bibliografía:

● San Martín, Libertador de América (1998) – Cap. “Su regimiento de Granaderos a
Caballo”- Ulises Mario Muschietti. Editorial Manrique Zago decisiones S.R.L., Buenos
Aires.
● San Martín, Libertador de América (1998) – Cap. “La organización del Ejército de los
Andes”- Leopoldo R. Ornstein. Editorial Manrique Zago decisiones S.R.L., Buenos
Aires.
● San Martín, Libertador de América (1998) – Cap. “El Pacto de Rancagua, 2 de abril de
1820”- Antonio J. Pérez Amuchástegui. Editorial Manrique Zago decisiones S.R.L.,
Bueno