La Academia Argentina de la Historia incorporó nuevos miembros en el Club Francés de Buenos Aires. Los oradores, en orden de presentación, rindieron homenaje a Domingo Faustino Sarmiento y a Julio Roca, defendiendo una historiografía integral que abarque desde los grandes procesos hasta la vida cotidiana.
En un emotivo acto oficial de la Academia Argentina de la Historia realizado en el Club Francés de Buenos Aires y, destinado a la incorporación de nuevos miembros de número, el presidente Roberto Azaretto, acompañado por el doctor Héctor C. Sauret, secretario general y por Josefina Fornieles, destacó la importancia de la renovación institucional y la independencia de la entidad respecto al Estado.
Los nuevos académicos recibieron sus diplomas y compartieron reflexiones sobre el rigor documental, la superación de visiones sesgadas y la necesidad de difundir el conocimiento mediante herramientas digitales. Los oradores, en orden de presentación, rindieron homenaje a Domingo Faustino Sarmiento y a Julio Roca, defendiendo una historiografía integral que abarque desde los grandes procesos hasta la vida cotidiana. El encuentro, por demás interesante, concluyó con un llamado a mantener la unidad académica frente a las adversidades actuales para asegurar la longevidad de la institución, pronta a cumplir ochenta años de existencia, el año próximo. En la reunión se enfatizó la labor del historiador que debe centrarse en narrar los hechos con imparcialidad, alejándose de simplificaciones ideológicas. De este modo, los nuevos académicos incorporados a la Academia ofrecieron perspectivas para revalorizar y analizar con nuevos enfoques a figuras centrales de la historia argentina como los mencionados Sarmiento y Roca o el mismo primer presidente de la República, Justo J. de Urquiza, tradicionalmente desplazado de los relatos historiográficos más difundidos, lo que, aún hoy, implica colocarse en contraposición a las corrientes de opinión predominantes en décadas recientes.

La Academia Argentina de la Historia incorporó nuevos miembros en el Club Francés de Buenos Aires.
Domingo Faustino Sarmiento
Una de las incorporaciones destacadas fue la del académico Ricardo Julio de Tittto, cuyo sillón lleva el nombre del prócer, presentó una visión de Sarmiento como una figura de una potencia inigualable: Genio latinoamericano; fue así como lo definió- el «único genio que dio Latinoamérica»-, destacando su defensa en contextos adversos. De Titto relató que en 2010 publicó Yo Sarmiento -que va ya por su cuarta edición-, una biografía novelada, en un momento en que los «vientos eran contrarios» a su figura y se consideraba un riesgo académico defenderlo.
Resaltó también la necesidad de abonar una perspectiva americana matizando la tradicional, de corte eurocéntrica: Su estudio de Sarmiento lo llevó a profundizar en la influencia de los Estados Unidos del siglo XIX y en los procesos de «revolución de independencia» en el continente, buscando nuevas perspectivas que se alejen de ese eurocentrismo más habitual.

La Academia Argentina de la Historia incorporó nuevos miembros en el Club Francés de Buenos Aires.
Julio Argentino Roca
Por su parte, Eduardo Lázzari, conocido como “el historiador de la ciudad de Buenos Aires” y especialista en la figura de Roca, destacó el cambio en la percepción social y académica sobre el ex presidente:
De la hostilidad al reconocimiento: Señaló que en 2014 la creación del Instituto Julio Argentino Roca era vista casi como una provocación que invitaba a «recibir piedrazos». Sin embargo, notó con sorpresa que actualmente sus intervenciones suelen recibir aplausos, lo cual marca un cambio en las perspectivas y el clima de ideas de la época.
Permanencia de los hechos: Lázzari sostuvo que, aunque las ideas y las valoraciones cambien, «la historia no cambió, porque es lo que pasó».

La Academia Argentina de la Historia incorporó nuevos miembros en el Club Francés de Buenos Aires
Un enfoque de imparcialidad narrativa
Complementando estas visiones, el académico Miguel Alfredo Molina (ocupante del sillón José Estrada) propuso una metodología que afecta la forma en que se juzga a figuras como Rosas, Urquiza o los propios Sarmiento y Roca. Molina abogó por una historia escrita ad narrandum (para narrar) y no ad probandum (para demostrar o juzgar), evitando caer en maniqueísmos de «buenos y malos». Su propia historia familiar, vinculada tanto a los López de Osornio (familia de Rosas) como a los seguidores de Urquiza, le permitió, según afirma, estudiar el pasado con mayor imparcialidad
Con las consabidas series de fotos, círculos de comentarios sobre historias y episodios del pasado enjuagados con un -cómo no- sabroso vino de honor la magna ceremonia, acompañada de un público que colmó el espacio destinado, abre sin duda una nueva etapa apuntando con esta y otras generaciones al desafío de cumplir su primer centenario como institución señera de la historiografía argentina.
Patricia Ortiz
Crédito fotográfico: Caminos Culturales